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La
pesadilla de un pueblo rodeado por las llamas
El
fuego obligó a los vecinos de Navalvillar de
Ibor a abandonar sus casas e irse con lo puesto.
En el pueblo se vivieron terribles momentos de
verdadera angustia.
GEMA
MORALES. Navalvillar de Ibor
Navalvillar
de Ibor ha sido uno de los municipios más
afectados física y psicológicamente por el
gran incendio, que ha arrasado unas 12000 hectáreas
de bosque y matorral en las comarcas de las
Villuercas y los Ibores y que ha dejado sin más
de la mitad de sus cultivos a ésta localidad.
La tarde- noche del 21 al 22 de Julio, los
vecinos de Navalvillar pasaron los peores
momentos de la historia del municipio.
Impotentes, presenciaron como el pueblo se veía
envuelto por las llamas. Rodeados por el fuego,
y a pesar de sus insistentes negativas, más del
80 por ciento de la población tuvo que
abandonar sus casas con lo puesto, para ser
trasladados a la vecina localidad de Bohonal de
Ibor desde donde se les llevó, posteriormente,
al pabellón de deportes municipal de Navalmoral
de la Mata. Todo comienza a partir de las cuatro
y media de la tarde aproximadamente, cuando
algunos de los habitantes perciben señales de
humo que surgen de entre la sierra, al noroeste
de la localidad, por la zona de Robledollano. Lo
que no se podían imaginar es que, en cuestión
de unas cuantas horas el fuego, favorecido por
el fuerte viento que soplaba ininterrumpidamente
con rachas de hasta 50 km por hora, pudiera
asolar la mitad del término municipal,
llegando, casi, hasta las puertas de sus propias
casas.
Son
las cuatro y media de la tarde y avisado por un
vecino, Fco. Javier Morales Cortijo, alcalde de
Navalvillar de Ibor, sube a la terraza de su
casa desde donde se pueden percibir las llamas
del foco del incendio provocado en el término
de Castañar de Ibor, concretamente en la
carretera que va de Robledollano a esta
localidad. Llama al 112 para solicitar medios aéreos
y terrestres que paren el incendio pero recibe
la noticia de que el retén de Navalvillar así como helicópteros, hidroaviones y demás efectivos del
plan Infoex se encuentran intentando controlar
otro gran foco de fuego provocado en Cañamero,
por lo que tardarán tiempo en llegar. Mientras
tanto, un grupo de vecinos de Castañar se han
acercado para intentar cortar el fuego avistado
en la junta de los ríos Ibor y Viejas. Allí,
una patrulla de la guardia civil les impide
intervenir hasta que se reciban órdenes
superiores con lo que el fuego continúa
avanzando imparablemente a lo largo del curso
del río Ibor, dirección Navalvillar, y a lo
largo de la carretera de Robledollano, dirección
Castañar. A este último municipio, llegan las
llamas quedándose a una distancia de 500 metros
de las primeras viviendas pero un cambio de
dirección del viento salva a la localidad
poniendo ahora en peligro a Navalvillar de Ibor.
Javier,
desde su terraza, ve como el fuego continúa
acercándose mientras dos helicópteros
sobrevuelan la zona pero sin poner medios para
apagarlo. Ante el peligro inminente que corre su
pueblo, decide llamar a algunos hombres jóvenes
de la localidad para trasladarse al lugar de los
hechos, pero a escasamente tres kilómetros del
pueblo, en la zona denominada Las Alberquillas,
limítrofe entre los términos de Castanar y
Navalvillar, una patrulla de la guardia Civil
les impide el paso por el peligro de las llamas
que, con gran virulencia, ya han llegado hasta
allí, llevándose por delante algunos animales
y corrales de, al menos, tres ganaderías del
municipio. Numerosos vecinos de Navalvillar
también se han trasladado por su cuenta
hasta este punto temiendo por las propiedades
situadas en aquella zona pero ya nada se puede
hacer y el fuego continúa imparable hacia
Navalvillar.
Al
mismo tiempo, al otro lado del río el fuego
“trepa” por la finca del Rostro y avanza por
la zona umbría de la sierra de Navalvillar a lo
largo del curso del Ibor. El pueblo está
rodeado y si no se hace nada para evitarlo,
pronto las llamas llegarán a las puertas de las
viviendas. Por las calles de la localidad se
respiran nervios y miedo envueltos en una nube
de humo. No hay línea en el teléfono fijo y
llegan las primeras noticias de que hay que
abandonar la localidad. Nadie quiere irse. Los
niños lloran preguntando a sus padres lo que
pasa. Los mayores, sin saber que hacer, corren
asustados de un lado para el otro y cogen agua
de sus casas y toallas mojadas para estar
prevenidos en caso de no poder respirar. La
megafonía del ayuntamiento anuncia que hay
autobuses en la carretera para que toda la gente
sea evacuada. Las llamas se están acercando y
hay que marcharse del pueblo. La única vía
segura de escape es la carretera que va a
Navatrasierra, llena de curvas y tan estrecha
que los autobuses apenas podrían circular por
ella. La tensión aumenta por momentos pero
afortunadamente y aún corriendo cierto peligro,
la comarcal EX118 es abierta al tráfico para
que puedan pasar los autobuses dirección Castañar
de Ibor con destino Bohonal y Navalmoral de la
Mata.
Se
viven momentos terribles. Mucha gente quiere
quedarse para luchar contra el fuego que amenaza
dejarles sin nada. Miembros de la guardia civil
y el 112 intentan convencer a los más
testarudos que marcharse es lo mejor debido al
peligro que corren sus vidas. Las llamas no se
detienen, el humo ha invadido las calles y el
ambiente se hace cada vez menos respirable.
Medio obligados y a regañadientes, unas 350
personas entre mujeres, niños y ancianos,
montan en los autobuses negándose a resignarse
a lo que comienza a ser inminente. El fuego
acabará con casi todo. Ya ha llegado a la zona
de Los Molinos del río, a quinientos metros
escasos de las primeras viviendas, y avanza con
una velocidad pasmosa.
En
el pueblo se encuentran el presidente de la
diputación de Cáceres, Juan Andrés Tovar,
cuatro retenes de bomberos del Plan Infoex,
numerosas patrullas de la Guardia Civil y
algunos militares del CIMOV Santa Ana de Cáceres,
pero todos esperan órdenes superiores y ninguno
actuará hasta que éstas lleguen. Además, es
de noche, no conocen el terreno y la sierra es
un laberinto de fuego para ellos. Unos cien
hombres de Navalvillar, han decidido quedarse
bajo su responsabilidad y observan atónitos cómo
las llamas se deslizan por el río, llamas rojas
persiguiéndose y alcanzándose, uniéndose y
cruzándose entre sí y repartiéndose rápidamente.
Sin esperar ni un momento más, deciden formar
un improvisado retén para arrebatar al fuego,
en una especie de conquista por la tierra, todo
aquello que les sea posible. Luchan por un campo
que les ha visto nacer y les ha alimentado
durante años. Como unos auténticos héroes no
les importa poner en peligro sus vidas a cambio
de salvar a su pueblo de las llamas. Ayudados
por los camiones de retenes, armados de palas,
azadas, gomas y demás utensilios pretenden
hacer cortafuegos que detengan el incendio. Pero
todo se complica cada vez más. Mientras
intentan sofocar el foco que hay en la parte
baja del pueblo otro ha sido provocado en la
parte alta. Es imposible que las pavesas hayan
sobrevolado la zona y espontáneamente se hayan
posado en este lugar por lo que este foco tiene
que haber sido a propósito. Incluso algunos ven
una moto pasar a toda velocidad por el camino de
acceso a la carretera. Tienen que organizarse en
grupos y repartirse por toda la zona para
detener los focos de algún modo. Las llamas están
por todas partes. Y así pasarán toda la noche
hasta que por fin
el fuego esté controlado.
Algunos
desalojados hemos cogido nuestros propios coches
y nos hemos refugiado con nuestros familiares en
Castañar, queriendo alejarnos lo menos posible.
Los autobuses llevan al resto a Bohonal de Ibor
donde la ayuda prestada por los vecinos es total
y absoluta. Todo el pueblo de Navalvillar y, en
su representación, el alcalde del municipio se
muestran enormemente agradecidos con todos los
habitantes de Bohonal de Ibor por la gran ayuda
y el apoyo ofrecido a todos los afectados. Rápidamente
y muy bien organizados, los bohonalos se vuelcan
incansable e incondicionalmente, en todo
momento, para atender cualquier tipo de
necesidad que surge entre los vecinos afligidos,
llegando incluso a ofrecer sus propias camas
para alojar a la gente. Los niños de Bohonal
reparten pasteles, zumos, yogures, y todo lo que
tienen en sus casas para atender las necesidades
de los niños de Navalvillar y, en genera,l todo
el pueblo se vuelca ayudando a los navalvillotes.
Posteriormente los desalojados son trasladados
al pabellón municipal de deportes de Navalmoral
de la Mata que es adecuado para acogerlos y
donde pasaran el resto de la noche. Según el
Agente de Empleo y Desarrollo Local de
Navalvillar de Ibor, Álvaro Sánchez, que está
durante todo el tiempo acompañando a los
vecinos evacuados en
Navalmoral, aquí se viven los peores
momentos de angustia debido, sobre todo, a que
las noticias recibidas apuntan que el fuego se
va aproximando cada vez más a las viviendas y
al gran peligro que corren sus familiares que se
han quedado en el pueblo para intentar sofocar
las llamas y que éstas no acaben con todo.
Desde este lugar, doce personas son trasladadas
al Hospital Campo Arañuelo con el diagnostico
de cuatro cuadros de ansiedad, seis
subidas de azúcar y dos de hipertensión
arterial. Además diecisiete ancianos son
llevados a una residencia geriátrica debido a
su débil estado de salud. El resto de personas
pernoctan en camillas en el propio pabellón. La
atención recibida es excelente en todo momento.
Al lugar acuden la Consejera de Bienestar
Social, Leonor Flores Rabazo, y el Consejero de
Sanidad, Guillermo Fdez. Vara, quienes colaboran
en el traslado de los enfermos con los servicios
de Cruz Roja, 112 y Guardia Civil. Son ellos
mismos los que permanecen al lado de los
afectados, calmando y atendiendo a cada persona
en particular y quedándose con los desalojados
hasta las cuatro y media de la madrugada.
Son
las cinco de la mañana y algunos vecinos que
nos hemos quedado en Castañar decidimos volver
a casa, por nuestros propios medios, antes de
recibir la orden. Estamos deseando conocer las
dimensiones de lo ocurrido. Hemos estado en todo
momento pegados al teléfono móvil, hablando
con nuestros familiares que se han quedado
apagando las llamas y temiendo por sus vidas.
Empieza
a amanecer y la imagen es desoladora. Una nube
de humo cubre toda la zona intentando tapar el
desastre. Avergonzada, parece que no quiere
dejar que se vea el enorme daño que el fuego ha
causado durante toda la noche. Bosques enteros
de hermosos robledales, laderas pobladas de
alcornoques, jaras, encinas y brezos, reducidos
a cenizas. Cuidadas plantaciones de castaño y
olivo, medio de vida y principal fuente de
ingresos del municipio, extinguidos y
convertidos en negros esqueletos de carbón. Un
paisaje antes próspero y fértil trocado ahora
en estéril y humeante. Una sierra “seca como
la teta que ya no da leche”. Y en la mente de
los navalvillotes un sólo pensamiento: “¿Qué
nos han hecho? ¿Qué manos negras y sin
conciencia han podido acabar con toda una forma
de vida? ¿Cuántos años de esfuerzo y amor por
la tierra reducidos a humo y a polvo? ¿Volveremos
a recuperar lo perdido? Veremos las heridas más
presentes durante mucho tiempo en nuestro
entorno...otras, las que se quedan en nuestras
almas son más difíciles de visualizar. Habrá
ayudas para aquellos que lo han perdido todo.
Nos darán una “teta” para saciar nuestra
hambre, pero no es la “teta” la que nos
alimentaba, sino la “leche” abundante que
manaba de uno de los bosques más bellos, emblemáticos
y mejor conservados de toda Europa y que la
mayoría de nosotros no podremos volver a
contemplar jamás”.
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