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A estas zonas se
las denomina comúnmente turberas o trampales. Los más
destacados se presentan el la parte suroeste del Camorro de
Navalvillar, aunque también se los puede encontrar en la
sierra de Porrinas. Estos enclaves se presentan en zonas
deprimidas del terreno donde existe un encharcamiento
constante, y un pH muy ácido cercano a 2.5 .Esta acidez
ocasiona que los minerales presentes en el suelo estas
prácticamente disueltos en el agua y que no se produzca la
degradación (oxidación) de la materia orgánica, con lo cual
esta se acumula en forma de turba. Todas estas
características repercuten directamente en las plantas
siendo muy pocas las que consiguen vivir en estos lugares.
Entre las especialistas encontramos plantas carnívoras como
la atrapamoscas o rosoli (Drosera rotundifolia) y la
pinguícula (Pinguicula lusitanica), que de esta forma
consiguen de los insectos el nitrógeno necesario para vivir
ya que el pH del suelo hace que el nitrógeno sea muy poco
biodisponible. Además existen una serie de plantas y
arbustos como el brezo de turbera (Erica tetralix), la
mansiega (Molinia caerulea), la orquidea (Dactylorrhiza
elata subsp. Sesquipedalis), Genista anglica, Lobelia urens,
Anagallis tenella, y diversos musgos o esfagnos (Sphagnum sp).
Estos
enclaves presentan una importancia enorme ya que son
vestigios de épocas más frías y lluviosas que tuvieron lugar
durante las glaciaciones cuaternarias. Hoy en día, en
nuestro continente, se localizan en las principales zonas
montañosas y la zona norte de Europa. Ya dentro de la
península, se presenta en las partes más altas de los
grandes sistemas montañosos, y excepcionalmente en otras
zonas como en los Montes de Toledo.
Colaboración de Yonatan Cáceres |