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Esta agrupación
vegetal engloba a una serie de árboles y arbustos que
encuentra su óptimo en la región atlántica. Su presencia en
estas sierras se debe a las fluctuaciones que sufrió el
clima durante el cuaternario, y que produjo modificaciones
en la vegetación. Esto favoreció que estas especies llegaran
incluso hasta el centro de la Península Ibérica durante
épocas húmedas y frescas, y que quedaran acantonadas en
zonas parecidas a la que ocupan hoy en día en el norte
peninsular cuando se fue haciendo más árido el clima. En
estas formaciones el estrato arbóreo esta formado por el
rebollo (Quercus pyrenaica), cerezo (Prunus avium), avellano
(Corylus avellana), ácere (Acer monspessulanum), mostajo (Sorbus
torminalis), castaño (Castanea sativa), carballo (Quercus
robur) presente en la pedrera de la mojonera, el acebo (Ilex
aquifolium), arraclán (Frangula alnus), loro (Prunus
lusitánica) y el fresno (Fraxinus angustifolia).
En el estrato arbustivo se pueden encontrar jaras (Cistus
psilosepalus), brezos (Erica australis y Erica lusitanica),
endrinos (Prunus spinosa), zarzas (Rubus ulmifolius y Rubus
weberanus), lupios (Tamus communis), brecina (Calluga
vulgaris), madreselva (Lonicera periclymenum subsp.
hispanica) , el androsemo (Hypericum androsaemum), hiedra
(Heladera helix), escoba (Cystisus striatus), escaramujo
(Rosa canina). Diversos helechos como el helecho común (Pteridium
aquilinum), Blechnum spicant, Dryopteris filix-mas,
Dryopteris dilatata, etc ... tapizan el suelo junto con
herbáceas como primaveras (Primula veris), fresas (Fragaria
vesca), Geum sylvaticum, Luzula forsteri, Melittis
melissophyllum, aguileña (Aquilegia vulgaris), Geum urbanum,
Digitalis purpurea, Polygala microphylla, Geranium
robertianum y Helleborus foetidus.
Colaboración
de Yonatan Cáceres |
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